Bibliotecas: Lugares mágicos para autoras invisibles

Esta mañana me enviaron un interesante enlace acerca de una iniciativa que estaba llevando a cabo una asociación junto con la biblioteca pública de Valencia para crear un fondo de autoras y aumentar su visibilidad. Esto me ha llevado a pensar en que en la sección de Visibilidad hemos hablado de varios proyectos enfocados a aumentar la visibilidad de autoras de género y me han surgido dudas ¿Qué están haciendo las bibliotecas en este aspecto? Por tanto hoy sacaré mi faceta de documentalista para hablar de bibliotecas, su importancia, las iniciativas que desarrollan y las carencias de sus colecciones. Pero antes de eso reivindiquemos el papel de la biblioteca y la importancia que tiene la fantasía en ella .

Bibliotecas con la sociedad y para la sociedad:

En la primera entrada hablé de las tempranas manifestaciones de lo fantástico y como este es consustancial al ser humano, pero no sólo lo fantástico, las historias y su almacenamiento han ocupado un importante rol en el camino de la humanidad. Antes de la escritura el más sabio era aquél que almacenaba las historia, una biblioteca viviente cuyo contenido se desplegaba de manera oral. En las primeras civilizaciones ya se conservaban las historias de nuevo fantásticas en los muros de sus construcciones, en las primeras narraciones escritas y en las primeras bibliotecas. Los babilonios almacenaban cuidadosamente sus papiros, los romanos y egipcios eran tremendamente minuciosos conservando su historia y registros (con la pequeña excepción de lo que le pasó a la biblioteca de Alejandría), más adelante los cristianos llegaban a recluirse durante meses para copiar códices y no es de extrañar que el primer libro oficialmente impreso fuera La biblia. La humanidad depende de las historias y las fantasías para ser lo que es, en este punto me gustaría recordar aquella frase de Terry Pratchett en “Papá puerco” en la cuál la muerte conversaba con su nieta acerca de las historias, las mentiras y la condición humana:

– Me estás diciendo que los humanos necesitan… fantasías para hacer la vida soportable, ¿no?

¿DE VERÁS?¿CÓMO SI FUESE UNA ESPECIE DE PÍLDORA ROSA? NO. LOS HUMANOS NECESITAN LA FANTASÍA PARA SER HUMANOS. PARA SER EL PUNTO DONDE EL ÁNGEL QUE CAE SE ENCUENTRA CON EL SIMIO QUE SE ALZA

– ¿Hadas de los dientes? ¿Papá Puerco? ¿Pequeñas mentiras?

SÍ. A MODO DE PRÁCTICA. HAY QUE EMPEZAR CREYENDO EN LAS MENTIRAS PEQUEÑAS.

– ¿Para que podamos creer en las grandes?

SÍ. LA JUSTICIA. LA COMPASIÓN. EL DEBERESAS COSAS.

Los humanos vivimos de fantasías, de historias mil veces contadas que se repiten continuamente variando sólo un poco con el tiempo, fue esto lo que llevó a Carlo Scolari a afirmar que más que “homo sapiens” deberíamos hablar de “Homo fabulator”. No somos el humano que sabe, somos el humano que cuenta y gracias a ello sabe. Un bebé sin historias es un folio en blanco, una carcasa vacía que necesita de ese conocimiento para ser algo más que un humano en potencia. Del mismo modo una historia que nadie escucha es cómo el árbol que cae en el bosque, un libro sin lector no es más que papel manchado. Ambos, humanos e historias, se complementan de manera inseparable y es eso lo que me lleva a escribir esto. Porque las historias necesitan un lugar dónde descansar y este lugar son las bibliotecas. Pero las historias son un organismo vivo. Los humanos usamos las historias para evolucionar y , gracias a esa evolución, creamos variaciones de las historias en un interminable ciclo. Hasta aquí todo es bastante lógico pero desde el sector de la documentación debemos pensar en qué pasa con el sitio dónde descansan esas historias siempre cambiantes. La biblioteca al igual que el humano y las historias no debe ser nunca un ente inmóvil sino que debe evolucionar a la par que estas. Para eso no le vale con seguir el ritmo de la sociedad sino que debe estar en la vanguardia. Cómo he dicho antes las historias son parte de la naturaleza humana pero no así las bibliotecas. Las bibliotecas son un constructo, un esfuerzo común para poder difundir de manera adecuada el conocimiento porque una persona puede pertenecer a la especie humana sin historias pero con esa carencia jamás será un individuo completo y autónomo. Es por ello que uno de los derechos básicos de la declaración de los derechos humanos es el derecho a la libre información, en el que entra la recepción del conocimiento que no es más que otra historia contada de manera distinta.

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título: Magic book fuente: geekybooksnob

Es innegable que las bibliotecas cumplen con una labor pública pero a menudo lo hacen de manera deficiente, son muchos los factores que afectan a esa ineficiencia y no voy a analizarlos en este post pero me interesa destacar uno. Las bibliotecas y algunos bibliotecarios (aunque hay consenso en la comunidad de que deben reinventarse) creen en el cuento de la liebre y la tortuga; van a su propio ritmo, lastrados por un sinfín de problemas, por la escasez de presupuestos, de personal al que contratar, por un contexto siempre cambiante que hace que los libros que se compran hoy mañana no sirvan. Y en realidad este es el punto del que quiero hablar  en este artículo. Si estás leyendo esto y tienes que quedarte con tan sólo una cosa que sea esta: En la carrera de la liebre y la tortuga las bibliotecas deben ser quienes preparen el circuito, den el pistoletazo y sujeten la cuerda de meta.

Esa es la única manera de que en una sociedad con una cultura cada vez más industrializada (en el sentido de obra cultural que le dieron Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la ilustración) es imposible que la biblioteca mantenga el ritmo de los corredores, sólo le queda no competir en la carrera. Sólo le queda ser el juez de salida y el constructor del camino, analizar exhaustivamente la sociedad y anteponerse a ella siendo la biblioteca aquél organismo que marque las pautas a seguir. De otra manera en un ambiente digital, cambiante y en un país que cada vez apoya menos la cultura si esta no implica barbarie las bibliotecas irán menguando gradualmente hasta desapararecer.

Las bibliotecas en un mundo mágico y futurista

He argumentado que la biblioteca debe mantenerse tres pasos por delante de la sociedad y ser quien marque el camino, aunque en realidad os he soltado un discurso de documentalista enfervorecido acerca de lo guays que son las bibliotecas y, si a estas alturas continuas leyendo, te estarás preguntando qué tiene esto que ver con el tema del blog, aquí justifico la diatriba. La humanidad siempre ha creído en lo mágico, incluso cuando no quería creer en ello recurría a la ciencia ficción para explicar lo imposible. Esta es una respuesta a nuestra ansía por buscar sentido, nuestra constante retahíla de preguntas que no podemos responder. Pero eso no es un asunto del pasado. Estamos en 2018; La humanidad ha logrado cosas increíbles, ha ejecutado actos terribles y ha dominado a la naturaleza a su antojo. Hemos logrado que la magia con la que antes soñábamos parezca trucos de feria. Que los prodigios científicos de Verne sean el equivalente a un reloj que funciona con electrodos clavados en un limón. Es hora de asumirlo. Vivimos en el futuro y tanto a nivel social como cultural (que más o menos son lo mismo) estamos rodeados por la magia y la tecnología. En realidad sólo por la tecnología pero si partimos de la base de que no comprendemos el funcionamiento de un 95% de los aparatos electrónicos que usamos a diarios bien podrían ser mágicos. En lo cultural lo friki se ha desestigmatizado en gran medida, aún quedan núcleos de resistencia pero los E-sport son una realidad. Las grandes plataformas como Netflix o Amazon apuestan cada vez más por adaptar novela de género.

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Proximamente Netflix adaptará la famosa saga de The witcher . Fuente: wiezmind

Además en planos muy diversos que van desde lo social a lo económico y empresarial la lucha del feminismo por la igualdad está avanzando cada vez más (todavía queda camino por recorrer pero diez pasos son mejor que ninguno) por lo que las bibliotecas deben ser conscientes de esta realidad. Deben ser pioneras en la difusión de las tecnologías, colaborar con autores para organizar presentaciones, convenciones y expandir su área de influencia. Tengamos en cuenta que las bibliotecas públicas no son como las especializadas. Las especializadas suelen quedarse quietas a esperar a los investigadores pero las públicas deben salir a la caza de usuarios, conocer sus hábitos y gustos para poder trabajar de manera eficiente. Pero la cosa no se reduce a números. Las bibliotecas deben ejecutar de manera responsable su rol social ayudando a difundir el conocimiento de manera responsable y abogando por la eliminación de barreras, la igualdad de derechos y la tolerancia. Es aquí dónde nos metemos con la fantasía , la ciencia ficción y las autoras.

En nuestro mundo tecnológico y dominado por Internet es casi imposible encontrar productos culturales que no contengan rasgos de fantasía o ciencia ficción, desde los dibujos animados, las series de televisión, las superproducciones de Marvel e incluso las canciones de moda. Pero aún así estos géneros siguen siendo denostados por parte de la sociedad que les achaca estereotipos mientras los consume sin saberlo. Y no sólo eso, dentro de estos géneros a las autoras o  se las invisibiliza o se las ningunea, tanto en el plano de representación como en ventas. En este aspecto las bibliotecas deben empezar a tomar medidas para arreglar la situación. El artículo del que hablaba al inicio de esta entrada trataba sobre cómo el colectivo “Clásicas y Modernas” ha creado un proyecto llamado bibliotecas en igualdad, destinado a crear bibliotecas que no invisibilicen a las mujeres. Igualmente no debemos olvidar a la Biblioteca nacional que se sumó alegremente a la iniciativa #leoautorasOct y que fijó el día de la autora. Una actitud loable pero insuficiente. Sin ánimo de desprestigiar a las gentes que pusieron en marcha el Leoautoras esta iniciativa debería haber surgido por derecho propio de la Biblioteca. Las bibliotecarias deben reflexionar y , si nos ponemos duros, se les debe de caer la cara de vergüenza, por el hecho de que sean grupos de usuarias, lectoras y autoras quienes estén reivindicando la visibilidad de las autoras a la par que contribuyen a difundir la cultura. Que la gente tenga que organizarse por su cuenta para realizar la labor de los documentalistas debería darnos en qué pensar. Es imperativo que las bibliotecas se pongan a la cabeza en estos campos. Que organicen eventos dedicados a la fantasía y ciencia ficción desde ya mismo pues todo apunta a que estos géneros dominarán el panorama en los próximos años. Que empiecen a dar visibilidad a las autoras ya no por sumarse a una corriente sino por que es lo justo. De hecho toda esta parrafada surgió a raíz del artículo sobre Clásicas y modernas. Dándole vueltas al asunto he pensado: ¿cómo de representadas están las autoras de fantasía en las bibliotecas públicas?

Cualquiera que haya frecuentado una biblioteca pública sabrá que la fantasía no es precisamente  el punto más fuerte de la colección de estas pero que tampoco andan escasos, así que me he puesto las gafas de contar y he hecho un par de búsquedas de prueba. Primero he entrado en el catálogo de la biblioteca regional de Murcia, por ser dónde vivo y sencillamente he buscado “Fantasía” pues la ciencia ficción se suele catalogar también con esa etiqueta, la búsqueda ha arrojado 1227 documentos y, como no puedes filtrarlos por género de autor me he tomado la molestia de revisarlos todos para ver cuantas de esas 1227 obras habían sido escritas por autoras. Tras un buen rato contando he obtenido un total de 115 (podéis sumarle o restarle 20 por el margen de error) lo que es menos del 1% .  Quiero aclarar que estos no son datos estadísticos válidos para un estudio científico sino mi impresión basada en la experiencia. Tras eso he probado en una biblioteca mayor, con más resultados y variedad por lo que he entrado en el catálogo de la red de bibliotecas de la comunidad de Madrid y he repetido la búsqueda, sencillamente he puesto fantasía en el buscador y he obtenido 2336 documentos. Tras otro buen rato contando y teniendo en cuenta que la catalogación está mal hecha y muchos registros están ya no duplicados sino triplicados he obtenido 485 obras escritas por autoras. De nuevo una representación minúscula y más teniendo en cuenta las autoras que más se repetían: Margaret Weis, Marion Zimmer Bradley, Laura Gallego, Trudi Canavan y muchísimas copias de Gerónimo Stilton. En general la mayor representación está en novelas juveniles e infantiles.

El bestiario de Axlin
Portada de El Bestiario de Axlin de Laura Gallego. Fuente:elrastreadordeletras

Es por esta deficiencia en las colecciones que las bibliotecas deben comenzar a realizar proyectos de visibilidad para las autoras, deben introducir más obras escritas por mujeres en sus presupuestos y empezar a mirar al futuro en lugar de anclarse en el pasado. La biblioteca debe ser una mezcla entre Hogwarts y la fabrica de Willie Wonka. Un híbrido de fantasía y ciencia ficción que cumpla su labor social y tenga en cuenta a todas esas autoras de las que hasta ahora ha prescindido.

Pero no todo es malo en el panorama, hay bibliotecas que ya están empezando a apostar por la responsabilidad social y entendiendo la importancia de la literatura de género en nuestra sociedad. Las bibliotecas de mujeres especializadas en literatura feminista son una realidad desde hace tiempo si bien mucha gente las desconoce. Hay bibliotecas como la de la Universidad Autónoma de Barcelona que impulsan los estudios sobre literatura fantástica, otras muchas colaboran en congresos sobre la literatura fantástica y de ciencia ficción pero sólo colaboran. Necesitamos que los organicen, necesitamos que no dependan de la iniciativa de los usuarios y que hagan un análisis interno en profundidad para poder planificar su futuro. En numerosas bibliotecas se hacen grupos de lectura pero en pocas ocasiones se dedican estos grupos a literatura de género, quizá debido a que se orientan a un público más adulto. Lo mismo pasa con las presentaciones de libros, recuerdo acudir un día a mi biblioteca habitual y ver que esa tarde se iba a realizar la presentación de un libro de fantasía basado en el ecologismo y la igualdad y sinceramente aluciné, no por el libro en sí, que si recuerdo bien era “el arquero de las nueve estrellas” de Víctor Guillamón. Sino por el hecho de que en más de cinco años acudiendo casi a diario a esa biblioteca nunca había visto algo parecido. La misma impresión me dio cuando un día tras estudiar me quedé a escuchar al cuenta cuentos en la sala infantil: narraba un cuento muy simple, del estilo el señor ratón busca su melón. Pensé en el potencial que tenía esa herramienta si se narraran fragmentos de obras de fantasía para introducir a los niños en ese maravilloso mundo antes de que lo haga Marvel o los videojuegos, y no es que tenga nada en contra de estos dos últimos pero si las bibliotecas desean liderar el camino deben ser conscientes de su potencial para formar a las generaciones jóvenes. Incluso utilizando esos recursos de manera inteligente, ya que la fantasía y la ciencia ficción solo son géneros. De por sí no aseguran nada, hay tanta ciencia ficción en el último Call of Duty como en “La mano izquierda de la oscuridad”. La diferencia radica en que uno de esos dos productos invita a la reflexión crítica mientras que el otro invita al pensamiento simplista. Ojo,no quiero decir que los videojuegos sean simplistas, en el mismo ramo la saga Fallout da pie a muchas reflexiones. Lo que pretendo decir es que las bibliotecas deben tomar el mando para usar estas herramientas y formar a los ciudadanos en base al respeto, la igualdad y la capacidad de crítica en lugar de ser receptáculos inmóviles a los que van los estudiantes en época de exámenes y algún que otro usuario a sacar libros.

¡Gracias por leer!

Bibliografía

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